Padre Antonios Alevizopoulos(†)
Dr. teología Dr. filosofía

Cuando hablamos de la Biblia y la Tradición Sagrada no nos referimos a dos cosas separadas, o contrarias, sino un todo armónico· toda la revelación de Dios en aras de la salvación del hombre.

Basilio el Grande resume esta doctrina de la ortodoxia con las siguientes palabras:
«De los dogmas y las verdades consagradas en la Iglesia, algunos hemos recibido de la enseñanza escrita, que llegaron hasta nosotros secretamente, y los aceptamos de la tradición de los apóstoles. Ambos tienen el mismo significado para la fe. Y nadie de los que tienen aún escaso conocimiento de las instituciones eclesiásticas no se opondrá a ellos... Porque si tratamos de abandonar los “costumbres” que no están escritos, porque supuestamente no son importantes, sin entender, habríamos dañado el Evangelio en su esencia, o mejor dicho, convertiríamos el evangelio a un “nombre vacío de significado”.

Basilio el Grande no deja de mencionar ejemplos específicos de los "costumbres" de la Iglesia en su tiempo, que nadie disputaba, pero sin embargo, no se encontraba en ninguna tradición escrita:

“Por ejemplo (para recordar el primero y más común de todos), quien enseñó por escrito que los que esperan en el nombre de nuestro Señor Jesus Cristo demuestran esta fe haciendo la señal de la cruz? ¿Qué texto escrito nos ha enseñado el viraje hacia el este, durante el rezo? Las palabras de la Iglesia durante la bendición del pan y de la copa de la Eucaristía, cual de los santos nos ha dejado por escrito? Ciertamente, no quedamos contentos sólo con lo que los apóstoles o el evangelio mencionan, pero antes y después de la Eucaristía decimos otras palabras también, porque hemos aprendido de la enseñanza no escrita que tienen gran poder en la realización del misterio”.

Sin embargo, el mismo padre de la Iglesia se refiere también a la realización de otros misterios sagrados. “También bendecimos”, dice, «el agua del bautismo, el aceite de la unción e incluso el que está siendo bautizado. ¿De que textos tomamos este todo? ¿No es de la tradición silenciosa y mística que los conocimos?... ¿No viene todo de esta enseñanza que fue mantenida mistica y no fue publicada y cual nuestros padres mantuvieron en silencio, sin la explorar mucho y la escudriñar, ya que habían aprendido correctamente que necesitamos proteger la modestia de los misterios silenciosamente?”

Esta conservación “en silencio” estaba en la mente de los apóstoles y se refirió a la actitud propia de los creyentes hacia el misterio de Dios.

“Los apóstoles y los padres, que establecieron, desde el inicio, instituciones en la Iglesia, buscaban de preservar el misticismo. Además, lo que uno se informa fácilmente deja de ser misterio· Esto es el significado de la tradición no escrita”, concluye San Basilio. Pero luego vuelve, da como ejemplo la homología en el santo bautismo y escribe:

“De que tradición escrita tenemos la confesión de la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?  Porque si, habiendo basado en la tradición del bautismo, establecemos la confesión como un elemento esencial del bautismo, siendo consistentes en la piedad, ya que de la misma manera que nos bautizamos así debemos creer, que sea entonces permitido a nosotros, de nuevo por consistencia en la piedad, para ofrecer la doxología de una manera similar a la fe. Pero si rechazan esta forma de alabanza como no escrita, entonces dejalos a presentar pruebas por escrito para la confesión de la fe y también para los otros mencionados”.

Entonces, no hay diferencia evaluativa entre la revelación escrita y no escrita de Dios, entre la escrita y no escrita tradición de la iglesia, que data de los primeros siglos de la iglesia y es una parte integral de la vida de la Iglesia a través de los siglos.

Subrayamos que el mensaje del Evangelio es almacenado y transmitido por la Iglesia. Los Apóstoles hubieron confiado la enseñanza de Cristo a los pastores de la Iglesia, están en sucesión apostólica ininterrumpida y garantizan la pureza y la transmisión segura de esta enseñanza a las generaciones futuras. Esta “tradición” o “legado” que había recibido “una sola vez” de los santos y está siendo transmitida sin “brechas” y “interrupciónes” de generación en generación, no constituye “órdenes humanas”, pero es el resultado de la presencia continua del Espíritu Santo en la Iglesia que que tiene Cristo como cabeza.

Cristo no vino para escribir libros, sino para dirigir a los hijos dispersos de Dios a unidad bajo Sí mismo como cabeza. Ese fue el mensaje básico del Antiguo Testamento, está siendo entendido correctamente con centro la persona del Mesías venidero. Para los cristianos, el nuevo, el evento central no es la escritura de algunos libros, llamados el Nuevo Testamento, pero el mismo hecho de la salvación en Cristo. Los apóstoles recibieron el mandato de "aumentar" el cuerpo de Cristo construyendo en en una fundación, el Cristo. No era su trabajo a escribir libros. Sin embargo, los textos que escribieron fueron recogidos después de su muerte por la misma Iglesia y formaron el canon del Nuevo Testamento. Eran libros ocasionales, presuponían el sermón oral y no lo hacían innecesario, ni lo sustituían.

El “canon” del Nuevo Testamento (la lista de los libros que pertenecen al Nuevo Testamento) no está siendo entendido sin el camino histórico de la Iglesia. Sin la Iglesia Χωρίς την Εκκλησία no podemos responder de manera convincente a la pregunta “qué libros pertenecen a la Biblia y por qué”, ni podemos proceder a interpretar la Biblia sin riesgo de crear un sinfín de grupos separados, cismas y herejías que ponen en peligro la salvación del hombre.

Todos los grupos heréticos, destacando diferente “canon” de la Escritura o que se desvían de la verdad de la Sagrada Escritura, deben su falsedad en esta única razón: Rechazaron la Iglesia y fueron cortados de la comunión con ella. Por lo que perdieron la medida estable del juicio y el punto de referencia que garantizaría la comunión “con todos los santos” y la participación en la fe salvadora que fue dada “una vez” a los santos (Judas 3). Cuando uno rechaza la Iglesia, el mismo se convierte a un punto de referencia y medida del juicio; automáticamente cae víctima del error subjetivo y se transfiere a “otro evangelio” (Gal. 1, 6-8).

Si el hombre mantenía la pureza de su corazón, Dios iba a seguir comunicarse con el hombre de una manera más directa y no necesitaría la palabra escrita. Esto significa que los libros de la Biblia fueron dados como un tipo de medicamento para ser utilizado por el hombre paciente. Pero eso no significa que la palabra escrita se queda aislada y absolutizada, porque es parte del “patrimonio” y no es el todo. La tradición sagrada de la Iglesia es el todo y esta no puede ser fuera de la Iglesia.

Se trata de la sagrada memoria de la Iglesia, de la experiencia común “de todos los santos” y no de órdenes humanas. Es la sucesión apostólica, directamente relacionada con la enseñanza apostólica y es expresada como una conciencia común de la Iglesia, con los Concilios Ecuménicos como la  “boca”.

Extracto del libro “Nuestra Ortodoxia”.

REVISTA “DIÁLOGO”
Edición 31

 


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